Compartir el techo no siempre significa que se debe hacer con la billetera.



Cada vez más parejas comparten casa sin hacer lo mismo con sus billeteras. Se trata de hombres y mujeres que deciden convivir conservando su independencia económica, como una estrategia destinada a definir lo que es de cada uno y cómo dividirlo en el caso de una separación. ¿Falta de compromiso? ¿Fin del romance? ¿Materialismo práctico?

El establecimiento de economías separadas daría a la pareja, en su imaginario, un mayor margen de libertad y autonomía, ya que podrían fantasear con que permanecen solos aún conviviendo bajo un mismo techo. Antes era un orgullo para el varón hacerse cargo de la familia.

Ahora, quizás sea vivido por muchos como una especie de soga al cuello que lo ata. Por el lado de la mujer, acceder al mundo del trabajo y disponer de sus propios ingresos ha significado una gran conquista. Pero todavía existen mujeres casadas con varones autoritarios a quienes les ocultan sus ingresos para disponer de ellos libremente. En todos los casos, el manejo del dinero es revelador del lugar que ocupa cada miembro dentro de la pareja, y por lo tanto de sus relaciones de poder”.

Las economías separadas no son malas, siempre y cuando se pauten de forma equitativa

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